
Escribe: Mauricio Riveros
(mauricioriveros.wordpress.com)
Como artista nunca me han gustado ver noticias como la de ayer. Flashes, rumores, trascendidos y finalmente la confirmación de la muerte de otro talentoso músico que escogió morir. Mi generación ya lo ha visto con Kurt Cobain, Shannon Hoon, Layne Staley y otros mas.
Lo de Amy Winehouse es impactante y dramático porque todos quienes nos encantamos con su extraordinaria voz y su carisma, a la vez fuimos testigos pasivos de su dolor interno. Que ella no estaba bien no era algo que solo nos imagináramos, los que escuchamos sus discos sabíamos que sus relatos eran en primera persona, que ella era tremendamente confesional. Su voz venía con fuerza de un infierno del que solo ella sabía.
Cuando apareció, me encanté con la historia de esta chica que no quería ir a rehabilitación y que transformó esa rebeldía en un gran hit contemporáneo.Ella era mas real que toda esa tropa de torpes que buscaban el éxito con coreografías y doblando canciones intrascendentes. Amyera de verdad, era como alguien que cualquiera de los que está leyendo podría conocer.
A pesar de las comparaciones, ella apareció desde el comienzo como una figura única y con personalidad, y eso mismo la hizo transformarse en un ícono de la moda en vida, aun cuando no era perfecta; Era insegura, le faltaban dientes, era drogadicta, se le pasaban las copas en los shows, y tantas cosas mas, pero ¿quien es alguien para para juzgarla por eso?.
Amy contaba que mientras mas insegura se sentía, mas alto era el peinadobeehive que convirtió en su sello propio, y cuando triunfó le dio una esperanza a todas las chicas en todo el mundo, que tienen un talento en secreto y que no se atrevían a mostrarlo. Amy Winehouse les hizo entender a todas ellas que no eran patos feos, si no cisnes, de otro lago, claro.
Después que eso se entendió todas por fin tuvieron su fiesta, se peinaron, se maquillaron como ella, bailaron y levantaron sus copas mientras corearon“And I say no, no, no”.
Me toca lo de Winehouse. Disfruté sus discos, con su voz y sus textos honestos. Me impactó, y aun lo hace, ese documental que la muestra en sus inicios, cuando inconciente de su talento, y proveniente de la clase obrera, sabía que la música para ella era un sueño, y que su destino era ser mesera, que no le quedaba otra, pero si iba a serlo, al menos sería “de las que usan patines”. Ganó aun mas mi simpatía cuando en ese mismo documental le tiró una piedra gigante a un afiche de Dido en la calle gritando “te odio Dido!”, o cuando escuché historias de boca de los que la vieron de cerca, que se arrancaba de las fiestas con una caja de cartón en la cabeza hundiéndose en un taxi que la sacaba desde donde fuera. Una superestrella demasiado real, con un dolor tremendo, con ganas de que la dejaran tranquila mientras todos querían una puta foto de eso.
Nunca he estado de acuerdo con el halo de leyendas que con que los medios barnizan estas muertes. Para ellos es fácil escribir sobre estos personajes que se transformaron en algo inmortal luego de morir, pero son incapaces de reconocerlos en vida. Que mejor ejemplo para nosotros que la manoseada imagen de Violeta Parra: Si ella estuviera viva hoy, probablemente todavía nadie iría a verla a su carpa, o la harían esperar horas en la recepción de una radio, que finalmente apilaría sus discos con el resto que jamás tocarán. La muerte es un triste pasaporte al reconocimiento para tanto artista brillante que hoy está con vida, y que simplemente los medios (y muchas veces el público), dejan pasar por comodidad o por holgazanería.
Lo de “el club de los 27”, para mi no es tema, solo aumenta la estupidez con que se ha hablado de esta nueva muerte en la música, una postal infantil y boba de pensar que ella está en un lugar mejor, porque lo único cierto es que Amy Winehouse ya no está.
Yo prefiero quedarme con la voz que atraparon sus discos, que quizás se iba a apagar si es que su dolor se acababa, quién sabe. Hay tanto mas con lo que se puede especular, pero yo voy a agradecer por la honestidad brutal en su música y sus canciones, porque eso es lo real, eso y sus coquetos ojos de gata sobremaquillada cerrándose y que, por fin, ya no va a tener que lidiar con ningún tipo de resaca, ni siquiera con la de la fama.
Mauricio Riveros.
Fuente: http://mauricioriveros.wordpress.com/2011/07/24/adios-amy-winehouse/
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